Parásitos invisibles
Rosa
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| 21-08-2026
Equipo de Ciencia · Equipo de Ciencia
Los recientes brotes de ciclosporiasis han vuelto a poner el foco en los parásitos transmitidos por los alimentos. Sin embargo, estos casos también reflejan un problema mucho más amplio: estas enfermedades siguen afectando a millones de personas en todo el mundo y continúan siendo un desafío importante para la salud pública.
Un nuevo análisis de la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que alrededor de 171 millones de enfermedades en todo el mundo estuvieron relacionadas con la transmisión alimentaria de parásitos invasivos. Los resultados muestran la enorme carga que estas enfermedades, muchas veces ignoradas, continúan representando para la salud mundial.
El estudio, en el que participó la doctora Christine Budke, profesora de la Facultad de Medicina Veterinaria y Ciencias Biomédicas de Texas A&M, actualiza las estimaciones mundiales correspondientes a 14 enfermedades parasitarias transmitidas por los alimentos.
Aunque durante la última década se han conseguido avances para reducir su presencia, estas enfermedades siguen afectando especialmente a las comunidades más vulnerables. "La OMS actualiza periódicamente estas estimaciones para ayudar a los gobiernos y a las organizaciones de salud pública a identificar las enfermedades que generan mayores consecuencias sanitarias y económicas.
De esta manera, pueden decidir mejor dónde utilizar unos recursos que siempre son limitados", explicó Budke. La especialista, experta en enfermedades zoonóticas provocadas por tenias, también participó anteriormente en las primeras estimaciones de la OMS sobre la carga mundial de las enfermedades transmitidas por los alimentos.
Parásitos invisibles

Una forma más completa de medir el impacto

El estudio forma parte del Grupo de Referencia sobre Epidemiología de la Carga de Enfermedades Transmitidas por los Alimentos de la OMS (FERG), una iniciativa internacional dedicada a calcular el impacto de estas enfermedades a escala mundial. Como parte del proyecto, Budke colaboró con investigadores de la Universidad de Montreal para actualizar las estimaciones relacionadas con la neurocisticercosis. Esta enfermedad es provocada por la fase larvaria de la tenia porcina y puede afectar al cerebro. En numerosas regiones del mundo, constituye una de las principales causas de epilepsia. Los investigadores no se limitaron a contabilizar los casos de infección y las muertes. También analizaron la carga de la enfermedad mediante los años de vida ajustados por discapacidad (AVAD). Este indicador combina los años de vida perdidos por muerte prematura con los años de vida saludable perdidos debido a enfermedades o discapacidades. Así, permite comparar de forma más precisa el impacto de distintas enfermedades en diferentes poblaciones. "Los años de vida ajustados por discapacidad nos permiten analizar no solo cuántas personas enferman o mueren, sino también la gravedad y la duración de esas enfermedades", explicó Budke. Según la especialista, estos cálculos ofrecen una visión más completa de las consecuencias de las enfermedades y ayudan a las autoridades a determinar dónde se necesitan mayores recursos. El nuevo análisis incorpora más de diez años de investigaciones adicionales, así como nuevos datos sobre los efectos de estas enfermedades en los pacientes. Toda esta información ha permitido perfeccionar las estimaciones anteriores de la OMS. "A medida que obtenemos más información, podemos mejorar estas estimaciones", señaló Budke. "Estos datos serán utilizados en todo el mundo para decidir cómo distribuir los recursos destinados a los programas de prevención, control y atención sanitaria. Por eso es tan importante que sean lo más precisos posible".

Los parásitos siguen presentes

Las mejoras en saneamiento, higiene y educación han contribuido a reducir algunas enfermedades parasitarias transmitidas por los alimentos. Sin embargo, Budke advierte que el problema está lejos de desaparecer. La situación es especialmente preocupante en regiones con pocos recursos, donde la vigilancia epidemiológica y los programas de prevención y control suelen ser limitados. Muchas de estas enfermedades están incluidas entre las enfermedades tropicales desatendidas de la OMS. Se trata de afecciones que afectan principalmente a las poblaciones más pobres y vulnerables y que, pese a su impacto, reciben una cantidad relativamente reducida de financiación para investigación y atención pública. "Definitivamente no han desaparecido", afirmó Budke. "Muchas regiones del mundo todavía tienen dificultades para controlar las enfermedades transmitidas por los alimentos. No podemos ignorarlas ni olvidarnos de ellas, porque cuando dejamos de prestarles atención es probable que vuelvan a aparecer". El problema tampoco se limita a la salud. Estas enfermedades pueden contribuir a mantener círculos de pobreza. Las personas que padecen varias enfermedades tropicales desatendidas pueden tener dificultades para trabajar, cuidar de sus familias o mejorar su situación económica. Al mismo tiempo, las comunidades más afectadas suelen carecer de los recursos y de la influencia política necesarios para exigir mayores inversiones en prevención y tratamiento. Budke explica que los parásitos transmitidos por los alimentos suelen recibir atención cuando se produce un brote. Sin embargo, muchas enfermedades parasitarias desatendidas continúan afectando a comunidades vulnerables incluso después de que los titulares desaparecen. "Nos sentimos atraídos por las enfermedades que protagonizan los titulares más recientes", comentó. "Mientras tanto, estas enfermedades desatendidas siguen afectando a las comunidades y limitando la capacidad de las personas para trabajar, mantener a sus familias y salir adelante".

De los datos a la prevención

Aunque las nuevas estimaciones representan un avance importante, todavía existen numerosas lagunas de conocimiento. En el caso de la neurocisticercosis, los investigadores continúan estudiando otras complicaciones neurológicas que pueden aparecer además de la epilepsia. Entre ellas se encuentran los dolores de cabeza intensos y diversos efectos a largo plazo. El diagnóstico también representa un desafío en muchos países donde la enfermedad es frecuente. La razón es que tecnologías avanzadas, como la tomografía computarizada, no siempre están disponibles. A pesar de estas dificultades, mejorar las estimaciones sigue siendo esencial para que los países puedan tomar decisiones más acertadas en materia de salud pública. "El objetivo de la OMS es ofrecer a los países la mejor información disponible", explicó Budke. "Esperamos que puedan utilizar estos datos para tomar decisiones informadas que beneficien a sus poblaciones". Para la especialista, las nuevas cifras recuerdan que las enfermedades parasitarias transmitidas por los alimentos siguen siendo un problema sanitario mundial y requieren atención e inversión constantes. "Las enfermedades parasitarias transmitidas por los alimentos siguen causando graves problemas a personas de todo el mundo. No podemos permitirnos olvidarlas".
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Conclusión

Las nuevas estimaciones de la OMS dejan claro que las enfermedades parasitarias transmitidas por los alimentos siguen siendo un problema mundial. Aunque los avances en higiene, saneamiento y prevención han reducido algunos casos, millones de personas continúan sufriendo sus consecuencias. La situación es especialmente grave en comunidades vulnerables, donde la falta de recursos dificulta tanto el diagnóstico como el tratamiento. Por ello, mejorar la vigilancia, fortalecer los programas de prevención y destinar más recursos a la investigación será fundamental para reducir su impacto. Los expertos destacan que mantener estas enfermedades en el foco de la salud pública es esencial. Como advierte Budke, "no podemos permitirnos olvidarlas", porque ignorarlas podría permitir que vuelvan a crecer y afecten nuevamente a millones de personas.