Amenaza de microplásticos

· Equipo Animal
La presencia de microplásticos en ríos, arroyos y lagos amazónicos ya es una realidad documentada. Ahora, los científicos investigan cómo estas partículas afectan la salud y fisiología de los peces, un eslabón clave en la cadena alimentaria de la región.
El pirarucú: un gigante vulnerable
Respirar en la superficie se convierte en un riesgo. El pirarucú (*Arapaima gigas*), uno de los peces de agua dulce más grandes del mundo, desarrolló una adaptación única para sobrevivir en aguas con bajo oxígeno: una vejiga natatoria modificada que funciona como pulmón primitivo, obligándolo a subir a la superficie para respirar cada pocos minutos [citation:1]. Esta misma adaptación lo expone directamente a las microplásticos que flotan en la superficie del agua.
Investigadores del INPA y la Universidad de Columbia Británica han advertido que las partículas pueden bloquear físicamente la glotis del pez, obstruyendo el flujo de aire y dañando las células que regulan su respiración . Además, los microplásticos pueden desencadenar procesos inflamatorios al ser atacados por el sistema inmunológico, desviando energía que el animal necesita para crecer y sobrevivir .
Más allá del pirarucú: el tamoatá y los peces de arroyo
Contaminación generalizada en diferentes especies y hábitats. Los estudios muestran que los microplásticos no son un problema aislado. En los arroyos urbanos de Manaus y Belém, las concentraciones de partículas pueden superar los límites seguros para la vida acuática. Investigaciones en la cuenca del río Guamá (Pará) detectaron microplásticos en las branquias y tractos digestivos de la práctica totalidad de los peces analizados, incluyendo depredadores, lo que indica que la contaminación ya está integrada en las cadenas alimentarias locales.
El tamoatá (Hoplosternum littorale), un pez que habita en el fondo de lagos y llanuras aluviales, es especialmente vulnerable por su hábito de alimentarse de detritos del sedimento. Se estima que el sedimento del río Negro contiene alrededor de 13 millones de partículas de microplástico por metro cúbico . Experimentos han demostrado que incluso concentraciones muy baja de microplásticos en su dieta pueden aumentar sus niveles de estrés y provocar pérdida de peso .
Una amenaza para la seguridad alimentaria y la salud humana
El pescado, alimento básico en la Amazonía, podría transmitir la contaminación. En el estado de Amazonas, el consumo medio anual de pescado es de 14 kilos por persona, cinco veces la media nacional [citation:1]. En las comunidades ribereñas, esta cifra es aún mayor. Los científicos advierten de que la contaminación por microplásticos podría comprometer el crecimiento y la calidad de las poblaciones de peces, afectando la seguridad alimentaria.
Aunque aún no hay estudios específicos sobre la transferencia de microplásticos a los tejidos comestibles de peces amazónicos, investigaciones en otras regiones ya han encontrado partículas en los filetes de especies comerciales, estimando una ingesta diaria de hasta 1,6 partículas por persona a través del consumo de pescado . Los investigadores subrayan que la conexión entre la salud ambiental y la salud humana es innegable, y la contaminación del pescado representa un riesgo creíble para la población local .