El Mejor Embarque

· Equipo de Viajes
¡Hola, lectores! Viajar en avión en 2026 puede estar lleno de pequeñas molestias, pero pocas generan tanta frustración como el proceso de embarque.
Lo que antes era una operación relativamente sencilla se ha convertido en una compleja combinación de grupos, zonas y privilegios de acceso anticipado. Y, según la ciencia, todo esto ha contribuido a que abordar un avión tome cada vez más tiempo.
La ciencia pone a prueba los métodos de embarque
Adam Jacobs, estudiante de maestría de la Universidad de Florida, desarrolló un simulador informático para analizar cuál es la forma más eficiente de llenar un avión. Utilizando un Airbus A320neo con capacidad para 186 pasajeros, comparó tres sistemas ampliamente conocidos: embarque aleatorio, embarque de atrás hacia adelante y el llamado método Steffen.
En la simulación, los pasajeros aparecían como puntos rojos desplazándose hacia sus asientos. Los asientos vacíos se mostraban en azul y cambiaban a verde cuando alguien se sentaba. Los tres métodos se ejecutaban simultáneamente, permitiendo observar las diferencias en tiempo real.
Los resultados fueron sorprendentes.
El método Steffen fue el gran ganador
El sistema más rápido fue el método Steffen, que completó el embarque en apenas 11 minutos y 16 segundos.
El embarque aleatorio, similar al que durante años utilizó Southwest Airlines, tardó 17 minutos y 59 segundos.
Por su parte, el método de embarque de atrás hacia adelante, que muchas personas consideran intuitivamente más eficiente, necesitó 31 minutos y 15 segundos, convirtiéndose en el peor de los tres.
Diversos estudios también han demostrado que el embarque tradicional de adelante hacia atrás suele ser incluso menos eficiente que el de atrás hacia adelante.
Según Jacobs, el embarque aleatorio funciona sorprendentemente bien. De hecho, sostiene que los pasajeros llegarían a su destino más rápido si simplemente se permitiera subir a todos al avión al mismo tiempo.
¿Por qué embarcar es tan complicado?
La respuesta se reduce principalmente a dos factores: el espacio para el equipaje de mano y las estrategias comerciales de las aerolíneas.
Hace algunas décadas, el proceso era mucho más simple. Los pasajeros de primera clase y quienes necesitaban asistencia embarcaban primero, y luego el resto de los viajeros subía sin demasiadas divisiones.
Todo comenzó a cambiar alrededor de 2008, cuando muchas aerolíneas empezaron a cobrar por facturar equipaje.
Como consecuencia, cada vez más pasajeros optaron por llevar sus pertenencias en cabina para evitar esos cargos adicionales. Sin embargo, los compartimentos superiores no tienen capacidad suficiente para todas las maletas.
Esto generó una nueva necesidad: subir antes que los demás para asegurarse un espacio para el equipaje.
Las aerolíneas detectaron rápidamente esa demanda y comenzaron a vender embarque prioritario, creando múltiples grupos y zonas de acceso que hoy forman parte de la experiencia habitual de vuelo.
El problema del equipaje de mano
La principal causa de los retrasos durante el embarque ocurre cuando los pasajeros se detienen en el pasillo para guardar sus maletas.
Precisamente ese problema fue el que motivó al astrofísico Jason Steffen, de la Universidad de Nevada, a desarrollar su famoso sistema en 2005.
Después de analizar cientos de simulaciones, concluyó que la mejor forma de acelerar el proceso era espaciar a los pasajeros para que varias personas pudieran guardar equipaje simultáneamente sin bloquear el pasillo.
Su método organiza a los viajeros según la ubicación de sus asientos. Primero embarcan quienes ocupan ventanillas pares, luego ventanillas impares, después los asientos centrales y finalmente los de pasillo, siguiendo un orden cuidadosamente calculado.
Aunque parece extraño, los resultados muestran una reducción significativa de los tiempos de embarque.
¿Por qué no se utiliza en la realidad?
Si el método Steffen es tan eficiente, surge una pregunta inevitable: ¿por qué ninguna aerolínea lo aplica de forma generalizada?
La primera razón es práctica. El sistema no contempla adecuadamente a familias, grupos de amigos o pasajeros que desean permanecer juntos durante el embarque.
Padres con niños pequeños podrían verse obligados a abordar por separado, generando molestias y retrasos adicionales.
Además, las personas no se comportan como los modelos matemáticos. Cada pasajero tiene ritmos, necesidades y hábitos diferentes, algo difícil de representar en una simulación informática.
Muchos usuarios que comentaron el experimento señalaron precisamente este punto, argumentando que ordenar a cientos de viajeros según criterios tan específicos sería extremadamente complicado en la práctica.
Cuando la rentabilidad supera la eficiencia
Existe otro obstáculo aún mayor: el modelo de negocio de las aerolíneas.
Las zonas de embarque no solo organizan a los pasajeros. También permiten vender embarque prioritario, uno de los servicios adicionales que más ingresos genera actualmente.
Aunque sistemas más eficientes podrían reducir algunos minutos de espera, las compañías consideran que los beneficios económicos obtenidos mediante estas categorías compensan ampliamente ese tiempo adicional.
Como explicó el profesor Massoud Bazargan, de la Universidad Aeronáutica Embry-Riddle, la decisión de cobrar por las maletas cambió por completo los incentivos y redujo el interés por optimizar la velocidad de embarque.
Conclusión
La ciencia parece tener una respuesta bastante clara sobre cuál es la forma más rápida de llenar un avión: el método Steffen supera ampliamente a los sistemas tradicionales y reduce de forma considerable los tiempos de embarque.
Sin embargo, la realidad es mucho más compleja que una simulación. Las necesidades de las familias, el comportamiento impredecible de los pasajeros y, sobre todo, los intereses comerciales de las aerolíneas dificultan la adopción de modelos más eficientes.
Por ahora, aunque la solución exista sobre el papel, es probable que los viajeros sigan enfrentándose a largas filas, múltiples grupos de embarque y la eterna carrera por conseguir un espacio libre en los compartimentos superiores.