Niños y IA

· Equipo de estilo de vida
Numerosos estudios han analizado la relación entre el uso de la inteligencia artificial y las funciones cognitivas del cerebro. Una investigación de 2025, por ejemplo, encontró una correlación negativa significativa entre el uso frecuente de herramientas de IA y la capacidad de pensamiento crítico.
Cuanto más joven era la persona, mayor era la dependencia que desarrollaba y, al mismo tiempo, más se debilitaba su capacidad de análisis. En cambio, un uso moderado apenas mostraba deterioro cognitivo. Investigaciones más recientes también han demostrado que la IA no afecta igual a adultos y a niños.
Un impacto diferente según la edad
Verificar las respuestas generadas por la inteligencia artificial requiere un nivel de conocimiento que los niños aún no poseen. Aunque la IA puede facilitar la resolución de tareas, también puede debilitar el pensamiento crítico.
El problema no es solo que las personas se vuelvan más dependientes, sino que en el caso de los niños puede provocar efectos duraderos en su desarrollo cognitivo.
Lo que ocurre en un cerebro de 45 años es muy distinto de lo que sucede en uno de 14.
Los adultos saben qué esperar de un resultado, reconocen un buen argumento y pueden resolver una tarea incluso sin ayuda, aunque les lleve más tiempo. Conservan las capacidades cognitivas necesarias y pueden reactivarlas si han estado poco utilizadas.
Lo que no se desarrolla, no se pierde
El investigador Michael Gerlich analizó la relación entre la reducción del esfuerzo gracias a la IA y la disminución del pensamiento crítico. Sin embargo, observó que los participantes mayores de 46 años mantenían buenas puntuaciones, especialmente si no dependían excesivamente de la IA.
La diferencia clave está en que los adultos delegaban tareas que sí sabían hacer, mientras que los jóvenes confiaban a la IA tareas que no eran capaces de realizar por sí mismos. Como consecuencia, las conexiones neuronales necesarias para evaluar y argumentar no llegaban a desarrollarse.
Entre los participantes de 17 a 25 años, este efecto era aún más evidente.
Un adulto puede comparar la respuesta de la IA con su propio criterio, detectar simplificaciones o errores y mantener el control. Un niño, en cambio, no suele tener esa capacidad, ya que requiere conocimientos que aún está desarrollando. No se trata de que esa habilidad se debilite: simplemente no llega a formarse.
Dependencia total frente a uso puntual
Los adultos suelen utilizar la IA para automatizar tareas concretas. Los niños, sin embargo, tienden a delegar en ella todo el proceso, incluido el razonamiento.
Por eso, independientemente de cómo afecte la IA a los adultos, su impacto en los niños es mucho más profundo.
Un estudio de 2026 lo ilustró con desarrolladores de software: aquellos que dependían completamente de la IA generaban código funcional, pero fallaban en las pruebas porque no sabían identificar errores. A pesar de su experiencia, obtuvieron un rendimiento un 17 % inferior al de quienes trabajaban sin IA.
Ahora bien, si esto ocurre con adultos formados, ¿qué sucede con un niño que está aprendiendo desde cero?
Niños con “mente de IA”
Cuando todos los estudiantes utilizan los mismos modelos de lenguaje para procesar la información, terminan aprendiendo a pensar de forma similar. Sus textos, argumentos y ejemplos empiezan a parecerse entre sí.
Esto supone un riesgo para las mentes en desarrollo, ya que los sesgos y estructuras de la IA pueden convertirse en el marco de referencia del estudiante. Los modelos de lenguaje no solo influyen en el uso del idioma, sino también en la perspectiva y la forma de razonar.
En los niños, cuyo pensamiento aún no está consolidado, existe el riesgo de que el modelo sustituya su propio proceso mental. Las etapas de reflexión que la IA elimina pueden no desarrollarse nunca, lo que afecta de forma permanente a sus capacidades cognitivas.
Un área del cerebro que nunca se ejercita no llega a desarrollarse.
Conclusión
El uso de la inteligencia artificial no es en sí negativo, pero su impacto depende de cómo y cuánto se utilice.
En los adultos, puede generar cierta dependencia o pérdida de agilidad mental. En los niños, en cambio, puede influir directamente en la formación de sus capacidades cognitivas.
La solución no pasa por eliminar la IA, algo poco realista hoy en día, sino por fomentar un uso equilibrado y consciente, evitando que los más jóvenes dependan completamente de ella.